A un día de cumplir muchos días sola, me he dado cuenta que a veces eso es mucho mejor que vivir irrealidades creadas por alguien, que te engatusan y que juegan con tu estabilidad emocional y hasta mental. No lo digo por despecho, no lo digo por un amor imposible... lo digo por lo que veo a mi alrededor y lo que leo entre las líneas de todas las historias.Me di cuenta de cuánto una pierde, a veces por distracción, otras por obsesión y muchas por las dos.
Mis días siempre han sido acompañados por la música, ella marca ciertos pasos en mis caminos, me hace gozar más de algunos y sentir mayores nostalgias por otros. No es raro que en el amor marque un espacio importante. Y es ahí dónde radica mi problema. ¿Cuántas canciones dedicadas he perdido?, ¿cuántas frases simples, pero bellas, he debido dejar en el pasado por mal relacionarla con alguien?... todo esto, parte de la premisa de que no se puede dedicar un mismo verso, menos una misma canción más de una vez. Porque no hay ninguna historia repetida,porque no hay ningún otro igual al pasado, porque cada amor tiene su ciencia. Y bajo esto, una canción dedicada, es una canción futuramente perdida.
Me cuestiono mucho si lo volvería a hacer, porque después de todo, prefiero quedarme con la música que con el recuerdo de algo que ya pasó... y que no fue más que algo pasajero. Y el problema mayor... que muchas de esas canciones son mis favoritas.. ¿ahora qué hago? ¿cómo separo ese título con ese nombre?... al final, los “te quiero” y“te amo” son usados a diario y ni siquiera sabiendo si realmente sentimos algo parecido... ya no tienen relevancia... pero una melodía que no sólo suena en tu radio, si no que en tu cabeza... sería un crimen que hoy pasen a ser algo banal... me rehuso.
En este momento, opto por quedarme con mis canciones en mi silencio y que me acompañen hasta el resto de mis días y noches, buenos y malos momentos, distintos estados y mentalidades... pero ante todo, hoy me quedo con ellas y no transo perder ni una más.
Cuando todo comenzó no le tomé el peso a lo que podría significar un día al lado tuyo. Siempre he creído que la magia de todo va en su simpleza.. pero esa simpleza máxima la encontré el día que me crucé en tu camino, por que sí: yo me crucé ante ti. Al principio fue mera casualidad, pero las siguientes veces ya no, algún plan había. El plan era responder a esa pregunta que se me venía a la cabeza de la intriga de tus ojos, de la intención de tu desaire, de la música en tus manos.
Lo acepto, yo te busqué... un poco más de lo que te he reconocido, un poco más de lo que yo misma me permitiría en otros tiempos. Y cuando pensé que me arrepentiría fue cuando me diste más razones para seguir buscando tus ojos entre la gente, entre los días.. entre mis noches.
Cada vez que me quedé callada después de tus palabras era para disfrutarlas y no para desquitarme de tus primeras indiferencias. Al final, esas marcaron la diferencia, esas me hicieron volver, esas me hicieron estar y seguir. Nunca dijimos nada el uno al otro, pero no fue fácil comenzar... cada uno por su lado y los dos a la vez estábamos llenos de enredos; sólo que “algo” no importó, cerramos lo ojos y nos dimos el primer beso.. de ahí en adelante, todos han sido los últimos porque así los disfrutamos.
Ya ni sé cómo sonreírte, para que te des cuenta lo bien que me siento ahí, así... pero eso... la simpleza de mi sonrisa es lo que tengo para darle a la simpleza de tu magia y vida.
Sin querer me puse a pensar, quizás un poco de más, en lo que podía pasar.
No te niego que me da miedo... hace un tiempo decidí hacer como que no te conocía, que nunca hubo nada. Y por lo mismo, ahora que vuelvo al mismo lugar casi tan igual como hace unos meses (algo crecida, algo más segura, algo más tranquila) me da miedo volverte a encontrar, volverte a conocer, volverte a enamorar.
Si soy más sincera aún, me da la impresión que guardo ciertas consideraciones contigo, pero racionalmente no hay nada en mí que te quiera volver a sentir. Contigo aprendí que la mentira rebasa sentimientos, que antes que amar hay que desconfiar y que la inseguridad se basa en las propias falencias. Aprendí también a no creer, a no caer ante tus ojos, a contener mis emociones, a fingir que nada importa.
Contigo perdí batallas de sonrisas y gané temores a la compañía. Gané amistades y futuro y perdí tiempo y reconciliaciones.
Si vuelvo ahí no es por ti, solo que la vida es así y espero que no te atrevas a mirarme a los ojos ni a mencionar mi nombre, solo admito algún saludo indiferente o la evasión de tu mirada.
Si vuelvo ahí tal vez no me reconozcas, quizás me mires mal, quizás me extrañes o puede que me llames.
Hace un año prendí mi radio AM y era "JuanGa" el que encebollaba mi entorno, que hacía vibrar el pecho y ponía los ojos lagrimones.
Cuántas canciones pasan por esa transmisión... y el locutor de voz ultra grave acota con alguna frase cliché para presentar el tema de la semana.
Estaba yo sentada al otro lado de mi ventana, tomando sol e intentando resolver un poco el entuerto en el que he caído.
"Para todos los corazones que sufren por ese amor"
Justo en un momento de pausa en mi mente me despierta el enunciado. Y con él la guata se me estrujó y cerré los ojos para no creer. No podía ser yo ahora la que estuviese en ese lugar. No es por gusto, pero soy yo siempre la que sale pa' atrás en las relaciones amorosas, la que pierde más fe que las sonrisas ganadas... pero ahora no era así y al contrario de lo pensado y lo "normal", no lo disfruto... lo paso mucho peor.
Él era el tipo ideal, a pesar que nadie lo conocía todos me lo decían, porque era un buen hombre. Así se proyectaba, al menos. Se preocupaba por mí lo suficiente, no rebasaba los límites; era atento, amable, chistoso y tierno a la vez, un hombre abrazable, confiable. Un tipo tranquilo dentro de lo normal, bueno pa' la talla, gracioso y coqueto, me daba seguridad; un hombre estable... emocional y racionalmente.
Teníamos lo suficiente en común para compartir y lo que no lo transábamos. Hasta sus desubicadas no molestaban.
Salíamos harto, improvisábamos, las cosas se daban espontáneamente. Nunca me pidió nada ni me dio de más. Todo en su justa medida.
Nunca hablamos de sentimientos porque sólo los sentíamos... pero nunca aclaramos las cosas.
Quizás, cada vez que le preguntaba a mi amiga ¿por qué no e encuentro con un hombre así? no medía las consecuencias. Porque lo encontré y lo tenía ahí, para mí.
No soy la más simpática, ni la más bonita, tampoco la más graciosa, pero lo tenía para mí. No me daba siempre en el gusto, tal vez así me atrapaba, no me decía siempre que sí y no se moría por mí... por eso yo seguía ahí. Pero él no me tenía a mí como yo a él.
Algo me pasaba que no sentía su mano tomar la mía, entonces venía otro y la tomaba y yo partía; partía con él, como partía con otros y nuevamente con él. Lo más extraño para mí es que no me sentía traicionada ni traicionando. Al contrario, sentí seguir mis instintos como nunca, sin hacer daño, sin sufrir, sin molestar. Era simplemente otro ritmo, uno nuevo para mí. Era como cambiar de banda de boleros a banda de cumbias. Era como cambiar de un pastel de frambuesa a un plato de mariscos. Era un cambio que no me molestaba; me acomodaba... pero nunca supe si a él también.
Un día creí que ya fue hora de aclarar nuestros puntos y le dije cuáles eran mis puntos sobre la i. También sonaba mi A.M. y me cantaba...
Y no era lo que yo precisamente quería decirle, pero él sí. Lo hizo,me lo dijo... no me dejó conversar, se tomó la palabra y se aprovechó de la canción para empujar sus palabras. Muchas bonitas y simples declaraciones, apuestas al futuro cercano, advertencias de fidelidad y la amistad por sobre todo. Yo lo miraba tratando de asimilarlo y decidiendo si callar y dejarlo hablar o sincerarme... porque en ese momento sí sentí la culpa. Me tomaba la mano, me hacía cariño en el pelo y cosquillas en las mejillas con su barba saliente cuando me hablaba al oído. Si lo veo desde afuera... el momento perfecto, que exquisitos minutos... cómo negarlo. Pero desde dentro se sentía extraño, frío, temeroso. Ahí me di cuenta que estábamos parados en distintas veredas, sólo que una parte de mí quería cruzar a la suya y otra tenía miedo y culpa.
Él seguía hablando y de cierta manera quería respuestas... yo me hacía la sorprendida, pero en realidad estaba muy confundida. Nos callamos un rato, nos miramos,me abrazó,le apreté la mano y le dije: "Esta es una muy linda ilusión que vamos a construir los dos" Me miró, sonrió y me besó. En eso yo pensé: ojalá que esa ilusión no rompa tu corazón.
Tantas veces he pensado en no estar en el lugar equivocado en tal momento preciso... pero lo estoy, ahora, ayer, anoche, mil veces y mil espacios atrás.
No es que todo sea un error, porque todo es lo que tiene que ser, he estado acá y allá tantas veces que sé como manejarlo. Sé como mirarte a la cara y no mentirte ni por un segundo, decirte que todo se esfumó tan cálido y profundo, que aquella vez que no huiste, fui yo quien pidió que desapareciera en el humo.
Entendí que las cosas para ti no son como para mí, la sinceridad no está ante todo, si no que tu permanencia y tu persistencia. Yo te miro a los ojos y entiendo que estamos en paralelos diferentes.
Esta noche fue distinta, fue noche del pasado, fue volver a quinto básico y huir entre los pasillos jugando con los amigos. Volví a sentir ese calor de la gente tan real, de la vida tan en su esencia y de las manos apretadas.
Sentí el cosquilleo de mi sonrojo, volver a las manos temblorosas y las palabras innecesarias. A ser niña y mujer a la vez, a susurrar secretos para poder encender esa chispa con la que una vez soñé.
Después de tanto y tanto, de sueño y desvelo, de cantos, temas y recuerdos… tengo saldos a favor. La razón, como primera y gran ganancia. De segundo logro un anotado en mi almohada, un sueño diferente y una espina desclavada. Como tercero gané la sinceridad, la coherencia y la afinidad de quienes siempre están. Y por último… tantas sonrisas por ahorrar.
Al fin del cuento, al terminar los días… el sol está conmigo, me sigue y va sobre mí.
Me da la impresión de que nada más importa cuando estamos los dos. Cuando las sonrisas son el riel del camino y no hay signos pare de silencios incómodos. Donde las advertencias sólo son "sonría, le están coqueteando" o "no se admiten mentiras" o mi favorita "siete sonrisas para la estación esperanza".
Cuando estamos los dos el cielo está de nuestro lado, se nubla para que me abraces y se abre para que me extrañes. Las palabras explotan solas, tus tonteras y mis manías. Por la calle la gente no nos mira porque no percibe nuestra fantasía de ser personas extrañas jugando a vivir la vida.
Cuando algo pasa yo te miro y ya sé que estás pensando y soy capaz de, con una mueca, resolver tanto encanto. Cuando tú me miras sabes bien lo que ves, una niña sin disfraz revoloteando tu cabeza y asaltando tu querer.
Yo no tengo una palabra para decirte a la cara, sólo tengo juegos y sueños de mañana. Pero sé que no necesitas que te diga nada, porque entre los dos los códigos que existen delatan la mirada.
Ese día yo estaba acostada en el pasto mirando al cielo, había muchas nubes y empecé a contarlas y a jugar a qué se parecen.
Vi una que era igual a la flor que me diste esa noche, que arrancaste de un jardín, la acomodaste y me la pasaste. No dijimos nada. Sólo sonreí y en tu cara vi una de esas risas de niño que tanto me gustaba.
Había otra que estaba más cerca del sol y que se iluminaba, esa se parecía a nuestras dos manos tomadas de aquel paseo que dimos por el mar, por la orilla, por la espuma y que en la arena se convertía en sal…
Frente a mis ojos, una nube que era igual a tus ojos; yo sentía como me miraban y cuanto brillaban. Eran como algodones de azúcar profundos y cálidos. Y a ratos una mezcla de ti y de mí. Esa era mi favorita, porque volaba pensando en esos ojos, me daban ganas de arrancarlos del cielo y guardarlos en mi almohada. Los miré fijamente mucho tiempo, pensando que quizás así… tú aparecerías.
Me dormí pensando en ti, hasta soñé contigo… recorríamos puras estaciones de nubes riendo como solemos hacer, poniendo caras para molestarte y tú con tus dedos me hacías cosquillas en las costillas para enojarme. Pero nunca lo lograste, no me haces enojar, porque nos entendemos bien, porque sabes lo que quiero y yo sé para donde vas… estamos juntos en esto, ¿te has dado cuenta?
Desperté porque sentí un cosquilleo en la oreja. Y eras tú… habías llegado a buscarme, a contarme un par de cosas, a buscar la guitarra y cantar, a jugar entre los árboles… a decirme tonteras y a reír. Paseamos un poco, tomamos un helado, pasamos el calor y nos miramos mucho rato.
Yo le dije de las nubes y él las tomó y con cada una me dibujó.
Yo no creo en ti, a decir verdad, ya no creo en nada, porque paso a paso los caminos me van diciendo que la honestidad no es la primera opción de los otros. Están llenos de parches y disfraces que ocultan el alma; debe ser por lo mismo que no creen en mí. No apuestan a que exista alguien real, pero bueno, yo lo soy y ésta soy yo.
No me creo perfecta ni me creo un defecto, pero siempre, en todos lados y a toda hora soy yo.
Porqué vienes con ganas de decir algo que sabes no eres capaz de hacer, porqué me miras a los ojos queriendo gritarme algo y no te atreves ni a susurrarlo.
Ni te esfuerces, ya estoy acostumbrada. He visto tanto que todos prefieren vivir en mundos irreales "haciendo como que... soy feliz, estoy bien..."
pero yo no, me cansé de la mediocridad, me cansé de quienes no mueven ni un dedo por su felicidad, esconden en superficialidades su pobre realidad.
Sólo que ellos llegan por las noches a sus camas, desvisten su disfraz de fantasma, se acuestan y en su cabeza sólo vaga la pregunta: ¿cuándo a mí?
En cambio yo apoyo mi cabeza en la almohada, en el cuerpo no llevo más que mi tatuaje y mi calma, cierro los ojos y ya.
Estoy tranquila, sé que no me voy a perder, sé que nunca voy a fingir una sonrisa ni encubrir un abrazo. Y espero alguna vez cruzarme en este camino con quien no tema a decirme: "aprieta mi mano"
He sacado cuentas minuciosamente, sé que hay muchas cosas que perdí por seguirte hasta ese lugar: un aro, noventa y siete lágrimas, tres cuartos de seguridad, infinitas sonrisas, bonitos recuerdos y un poco de mí se desvaneció entre las sábanas de tu húmeda habitación. Es raro... después de esto ¿qué pude yo ganar? Tú ganaste en esto, estamos claros: una más en la lista, una más en tu cama, muchas satisfacciones personales y banales tan típicas de quien se cree hombre y no es más que una falsa copia de humanidad.
Y qué queda de mí… -te preguntas a veces- o ya diste vuelta a la esquina?
Nada, pero nada en ti, porque me despegué desde el detalle más íntimo hasta las grandes memorias. Hoy hacer el recorrido hacia esos lugares donde ibas guardando tu realidad bastante irreal, es conocer que había colores ocultos por tu inexperiencia de ser verdad.
Tanto que hablaste de mentiras y engaños que te habían dañado y tú no eres más que un extraño a los sentimientos, que no sabe distinguir lo simple y natural de lo plástico y virtual.
Te voy a decir algo ahora: espero que alguna vez logres despertar de tu creada escenografía de esto que llamas vida. Me gustaría encontrarte alguna vez y sentirme bien de haberme topado contigo, pero eso no va a pasar mientras tú no quieras.
Ahora para mí, simplemente no fuiste – no existes.
¿Y qué queda de mí? Todo, me encuentro en todos los detalles, me reflejo en cada paso que doy, estoy acá y allá a la vez y soy yo y muchas más a la vez.
Lejos de ti, lejos de aquella que una vez fui, que alguna vez perdí y que volvió para estar en mí.
Cerré los ojos al fin y soñé. Soñaba que caminaba por cada línea que ya habíamos recorrido, que cada paso era una nube que habíamos posado. Que el tren nos llevaba a la estación del mes ocho, que los buses nos llevaban al inicio de nuestro abril, que un paradero estaba impregnado de noche y calor. Lejanas voces oía y de a poco iba despertando y ahí estaba yo. Sentada sola en la puerta de un vagón.
Tengo más que un amor escondido tengo cinco secretos que no te puedo contar tengo muchos sueños en el fondo del mar En el rincón de mi pieza una foto que ocultar y muchas palabras por susurrar
Ha habido atajos, trabas y piedras hay miedo y dos meses de espera tengo unas sonrisas por dejar en tu almohada y un par de caricias a tu espalda
Estoy acá esperando otra vez que aparezcas que me digas: yo quiero y no temo me tomes por el cuello y me des un beso
Siempre que llego a un lugar público busco los avisos de escape, no es algo al azar. En las micros me siento cerca de la puerta, poco tomo el metro, cuando estoy de visita me siento lo más cerca de las ventanas o puertas; hasta en las cosas más triviales busco ese detalle. Según la RAE, su definición en tercer lugar – masculino es: Fuga apresurada con que alguien se libra de recibir el daño que le amenaza. Y esa es mi favorita.
No son ansias de libertad, es la necesidad de redimirme de cualquier intimidación que saque de vía mi camino que me ha costado centrar. No ha sido fácil cosecharme a mí misma, como para que cualquier algo o alguien pueda descentrarme. Es la precaución con la que doy cada paso, la manera que tengo para decir: “bueno, aquí no sigo yo”. O la forma con la que delimito mis sueños para que no entren en terrenos baldíos y lodosos.He fallado, muchas veces. Pero sigo aquí levantándome por cada caída, sea de un metro o de diecisiete kilómetros, desde la nube más blanca que he pintado o del país más lejano al que he viajado. Siempre me levanto. No me creo invencible. Al contrario, pero le hago empeño.
Una vez me dijeron: “tan valiente que eres y yo aquí cagado de miedo”. ¿Cuál sería mi opción? Si me dejara nublar por cada temor no avanzaría ni un respiro en mi vía. Esa es la gran diferencia entre ellos y yo. Entre el resto y yo. No es que sea distinta, es que soy yo. Aquí y en la esquina de tu casa, soy yo. Aquí y en la orilla de tu cama, soy yo. Aquí en la cumbre de nuestro cuerpo, soy yo. Aquí y en la distancia de nuestros sentimientos, soy yo. Aquí y en tus ojos, soy yo.
Esa es la gran diferencia.
Pero ya sabes, cada vez que te acerques sabrás que al lado mío estará aquel Escape, ese que me libera de culpas, que sostiene un pié sobre él, que me dice: aquí estoy para ti.
Soy de aquellas que les gusta controlarlo todo, que pretenden que la vida es un juego y yo quien sostengo el tablero y muevo las piezas a mi favor.
Cuando la gente se da cuenta de esto me dice: “no todo lo puedes controlar” y yo sólo me río, porque sé que si. Rematan: “los sentimientos no los mandas tú, ni las sensaciones, ni las penas, menos las alegrías”. Vuelvo a reír... pues yo sé que si.
Pueden preguntarle a varios quienes han sido víctimas de esto. Aquí, mi truco más preciado; de eso que todos creen tan poderoso e invencible, pero yo lo sé, es totalmente controlable eso que ustedes llaman amor.
Elijo a cada uno de mis jugadores con atención, en todo esto es él o yo... y siempre gano yo. Por tanto tiene que ser el víctima perfecto. Esos que se desenvuelven seguros y precavidos, que caminan con la frente en alto y siempre sonrientes, amables. Pero que esconden grandes debilidades, Aquí entro yo... sencilla, algo tímida y cuando puedo mostrarle interés, jugar a dar y quitar, cruzarle la mirada para que se hele, mostrarme coqueta e insegura, decir cosas lindas cuando pase cerca de mí, sin decir que son para él... pero que él lo sepa.
Espiarlo un poco, saber su nombre y algo más, encontrar sus ojos en el camino y luego chocarlos. Así hasta que el juego ya esté seguro, me acerco, le digo cosas triviales; el típico “creo que te vi en otro lugar”... esperar su sorpresiva reacción y coquetearle un poco. Una invitación abierta, un “nos vemos” o “encontrémonos más tarde”, en fin...
Dejar pasar unos días, buscarlo otra vez, insistir con el “estoy segura de haberte visto en ese lugar”, sacarle risas, adivinar sus gustos,buscar claves para encontrarlo en otros lados, piropearlodisimuladamente, entre líneas también. Una conversación recatada, pero certera.
Luego buscar otro medio para conversar... hoy es tan sencillo...
Declaraciones, invitaciones, “muero por verte”, mostrarme ilusionada y feliz por este contacto más cercano...
Después nos juntamos sin rogar; comemos, vamos al cine, bailamos, un concierto; da lo mismo, es para que crea que el juego es de los dos... él manda, eso cree.
El coqueteo es cada vez más evidente, la conversación va más al grano, ya no son insinuaciones.... va más allá.
Pero no, la primera salida es para conocerse (ja!). Viene la segunda... “donde quieras tú”. Algo distinto, muchos mensajitos, mucho más segura yo de lo que quiero: a él.
Siempre es elegido con precaución, dentro de mis estándares de gustos también; no se trata de jugar con cualquier mono, si no que con un mono interesante... ¿será que les dolerá más el orgullo?
Se viene el beso, dos, tres... ya hay amor. Nos vemos luego, seamos “algo”... un algo no muy ambiguo... lo aseguro para mí. Dejo pasar pocos días y el pololeo. Yo, una eterna enamorada y él con mariposas y soles en la guata.
Es perfecto, todo perfecto: nos adoramos, a su familia y amigos les encanto, soy la más dulce princesita... que niñita tan correcta, linda, señorita, amable... “es perfecta para él” (yo también lo creo).
Y los dos somos tan felices juntos, cada vez más ganas de estar juntos, de salir, de cantarnos temas al oído, me meto en su vida hasta más no poder. Sí, soy celosa porque es mío, nada de niñitas que le anden rodeando. Y yo... de lo más fiel, jugando a quererlo solo a él.
Así... podemos hacer muchas cosas. Depende ahí un poco de él (sólo un poco)... El tiempo pasa, puede pasar mucho, poco, algo... pero siempre queda una espinita... siempre lo logro. (Silencio) En tiempo... más o menos tres a cinco meses,más que eso me aburro... todo tiene un sentido.
Luego para llegar al final hay que sufrir, obvio. Si no sería fome. Ya no le pongo mucha atención, olvido mis compromisos con él, tengo cosas más importantes que hacer. Ni el sexo es tan rico, ni disfrutar una tarde como antes. Lo siento, esto se está acabando... de cierta manera lo aviso, pero no se dan cuenta...los tengo ahí! Luego aparecen terceros para que todo sea más claro... “pero de verdad que nunca quise... aun te adoro, estoy mal, confundida, no sé qué me pasa, estoy pasando por un mal momento, espérame”. Tengo tantas cosas que decirle para consolarle. Porque sí, me gusta que llore, pero no para siempre, entonces lo conversamos y siempre le dejo una sonrisa en la cara. Lo ves, no soy tan mala... casi una víctima de las circunstancias.
Cerramos el capítulo. No nos vemos más... ya comienzo a buscar a mi próxima víctima mientras el anterior está dañado y por eso no me busca (algo de orgullo les queda, no?). Pero bueno, a veces me aburro... entonces aparezco, un mensaje, una visita casual, un correo. ¿Sabes lo que pasa? : corren! Son cachorros fieles y no es un trabajo sencillo, no lo creas.
Han pasado varios, han caído varios, nunca he fallado. Al darse cuenta algo del juego me dicen cosas terribles, sentimientos atroces.. de todo... yo los escucho porque se lo merecen.
Lo último que oí de un buen hombre que me acompañó un tiempito corto fue: “cuanta risa quitaste a mis días y cuanto miedo plasmaste a mi vida”.