Tengo más que un amor escondido tengo cinco secretos que no te puedo contar tengo muchos sueños en el fondo del mar En el rincón de mi pieza una foto que ocultar y muchas palabras por susurrar
Ha habido atajos, trabas y piedras hay miedo y dos meses de espera tengo unas sonrisas por dejar en tu almohada y un par de caricias a tu espalda
Estoy acá esperando otra vez que aparezcas que me digas: yo quiero y no temo me tomes por el cuello y me des un beso
Siempre que llego a un lugar público busco los avisos de escape, no es algo al azar. En las micros me siento cerca de la puerta, poco tomo el metro, cuando estoy de visita me siento lo más cerca de las ventanas o puertas; hasta en las cosas más triviales busco ese detalle. Según la RAE, su definición en tercer lugar – masculino es: Fuga apresurada con que alguien se libra de recibir el daño que le amenaza. Y esa es mi favorita.
No son ansias de libertad, es la necesidad de redimirme de cualquier intimidación que saque de vía mi camino que me ha costado centrar. No ha sido fácil cosecharme a mí misma, como para que cualquier algo o alguien pueda descentrarme. Es la precaución con la que doy cada paso, la manera que tengo para decir: “bueno, aquí no sigo yo”. O la forma con la que delimito mis sueños para que no entren en terrenos baldíos y lodosos.He fallado, muchas veces. Pero sigo aquí levantándome por cada caída, sea de un metro o de diecisiete kilómetros, desde la nube más blanca que he pintado o del país más lejano al que he viajado. Siempre me levanto. No me creo invencible. Al contrario, pero le hago empeño.
Una vez me dijeron: “tan valiente que eres y yo aquí cagado de miedo”. ¿Cuál sería mi opción? Si me dejara nublar por cada temor no avanzaría ni un respiro en mi vía. Esa es la gran diferencia entre ellos y yo. Entre el resto y yo. No es que sea distinta, es que soy yo. Aquí y en la esquina de tu casa, soy yo. Aquí y en la orilla de tu cama, soy yo. Aquí en la cumbre de nuestro cuerpo, soy yo. Aquí y en la distancia de nuestros sentimientos, soy yo. Aquí y en tus ojos, soy yo.
Esa es la gran diferencia.
Pero ya sabes, cada vez que te acerques sabrás que al lado mío estará aquel Escape, ese que me libera de culpas, que sostiene un pié sobre él, que me dice: aquí estoy para ti.
Soy de aquellas que les gusta controlarlo todo, que pretenden que la vida es un juego y yo quien sostengo el tablero y muevo las piezas a mi favor.
Cuando la gente se da cuenta de esto me dice: “no todo lo puedes controlar” y yo sólo me río, porque sé que si. Rematan: “los sentimientos no los mandas tú, ni las sensaciones, ni las penas, menos las alegrías”. Vuelvo a reír... pues yo sé que si.
Pueden preguntarle a varios quienes han sido víctimas de esto. Aquí, mi truco más preciado; de eso que todos creen tan poderoso e invencible, pero yo lo sé, es totalmente controlable eso que ustedes llaman amor.
Elijo a cada uno de mis jugadores con atención, en todo esto es él o yo... y siempre gano yo. Por tanto tiene que ser el víctima perfecto. Esos que se desenvuelven seguros y precavidos, que caminan con la frente en alto y siempre sonrientes, amables. Pero que esconden grandes debilidades, Aquí entro yo... sencilla, algo tímida y cuando puedo mostrarle interés, jugar a dar y quitar, cruzarle la mirada para que se hele, mostrarme coqueta e insegura, decir cosas lindas cuando pase cerca de mí, sin decir que son para él... pero que él lo sepa.
Espiarlo un poco, saber su nombre y algo más, encontrar sus ojos en el camino y luego chocarlos. Así hasta que el juego ya esté seguro, me acerco, le digo cosas triviales; el típico “creo que te vi en otro lugar”... esperar su sorpresiva reacción y coquetearle un poco. Una invitación abierta, un “nos vemos” o “encontrémonos más tarde”, en fin...
Dejar pasar unos días, buscarlo otra vez, insistir con el “estoy segura de haberte visto en ese lugar”, sacarle risas, adivinar sus gustos,buscar claves para encontrarlo en otros lados, piropearlodisimuladamente, entre líneas también. Una conversación recatada, pero certera.
Luego buscar otro medio para conversar... hoy es tan sencillo...
Declaraciones, invitaciones, “muero por verte”, mostrarme ilusionada y feliz por este contacto más cercano...
Después nos juntamos sin rogar; comemos, vamos al cine, bailamos, un concierto; da lo mismo, es para que crea que el juego es de los dos... él manda, eso cree.
El coqueteo es cada vez más evidente, la conversación va más al grano, ya no son insinuaciones.... va más allá.
Pero no, la primera salida es para conocerse (ja!). Viene la segunda... “donde quieras tú”. Algo distinto, muchos mensajitos, mucho más segura yo de lo que quiero: a él.
Siempre es elegido con precaución, dentro de mis estándares de gustos también; no se trata de jugar con cualquier mono, si no que con un mono interesante... ¿será que les dolerá más el orgullo?
Se viene el beso, dos, tres... ya hay amor. Nos vemos luego, seamos “algo”... un algo no muy ambiguo... lo aseguro para mí. Dejo pasar pocos días y el pololeo. Yo, una eterna enamorada y él con mariposas y soles en la guata.
Es perfecto, todo perfecto: nos adoramos, a su familia y amigos les encanto, soy la más dulce princesita... que niñita tan correcta, linda, señorita, amable... “es perfecta para él” (yo también lo creo).
Y los dos somos tan felices juntos, cada vez más ganas de estar juntos, de salir, de cantarnos temas al oído, me meto en su vida hasta más no poder. Sí, soy celosa porque es mío, nada de niñitas que le anden rodeando. Y yo... de lo más fiel, jugando a quererlo solo a él.
Así... podemos hacer muchas cosas. Depende ahí un poco de él (sólo un poco)... El tiempo pasa, puede pasar mucho, poco, algo... pero siempre queda una espinita... siempre lo logro. (Silencio) En tiempo... más o menos tres a cinco meses,más que eso me aburro... todo tiene un sentido.
Luego para llegar al final hay que sufrir, obvio. Si no sería fome. Ya no le pongo mucha atención, olvido mis compromisos con él, tengo cosas más importantes que hacer. Ni el sexo es tan rico, ni disfrutar una tarde como antes. Lo siento, esto se está acabando... de cierta manera lo aviso, pero no se dan cuenta...los tengo ahí! Luego aparecen terceros para que todo sea más claro... “pero de verdad que nunca quise... aun te adoro, estoy mal, confundida, no sé qué me pasa, estoy pasando por un mal momento, espérame”. Tengo tantas cosas que decirle para consolarle. Porque sí, me gusta que llore, pero no para siempre, entonces lo conversamos y siempre le dejo una sonrisa en la cara. Lo ves, no soy tan mala... casi una víctima de las circunstancias.
Cerramos el capítulo. No nos vemos más... ya comienzo a buscar a mi próxima víctima mientras el anterior está dañado y por eso no me busca (algo de orgullo les queda, no?). Pero bueno, a veces me aburro... entonces aparezco, un mensaje, una visita casual, un correo. ¿Sabes lo que pasa? : corren! Son cachorros fieles y no es un trabajo sencillo, no lo creas.
Han pasado varios, han caído varios, nunca he fallado. Al darse cuenta algo del juego me dicen cosas terribles, sentimientos atroces.. de todo... yo los escucho porque se lo merecen.
Lo último que oí de un buen hombre que me acompañó un tiempito corto fue: “cuanta risa quitaste a mis días y cuanto miedo plasmaste a mi vida”.
Cuando algo nos toma por sorpresa, es porque no advertimos la esencia de su magia, el proceso, porque no tomamos en cuenta señales ni presentimientos que distrajeran nuestra horrorosa rutina. Nos envolvemos tan fácil en lo superfluo, que olvidamos el encanto del detalle, que perdemos norte – sur – oriente y poniente de lo que en un inicio como persona quisimos.
El día en que crecí fue cuando me di cuenta de que todo es relativo, que las personas no son para siempre y algunos sentimientos tampoco. Que el día que estreché la mano de mi más pequeña luz debía cultivarla y energizar el alma para perdurar con ella hasta el infinito, aunque nuestro infinito sea tan finito como una estrella en el cielo marrón de la noche. Que el día que estreché tus ojos robé más miradas de las necesarias para que en cada ausencia sintiese tu presencia; algún día acabarán y ya no estarás.
Luego no crecí tan sólo yo, si no que conmigo creció mi alma y fue cuando entendí que siempre estarás ahí conmigo, no tú... no él… estarán siempre en mi camino iluminándome cada espíritu que guardó algo para mí, que en su día detuvo algo por mí, que en la vida dedicó una emoción en mí. Yo debo cargarlas y no como una enorme mochila, es ese alivio que vas sintiendo día a día, cada sonrisa, cada alegría, cada contento. Y cuando hay pena es porque lo olvidas, porque ensucias tu vida con tropiezos que no sabes levantar ¿sabes de dónde debes afirmarte? De mí, de aquella vieja alma que te acogió, de esa sonrisa humilde que él te dio. No debes olvidarlas, debes tenerlas presentes como un dibujo que calcas cada mañana en tu mente, debes ejercitar su anhelo en tu recuerdo y borrar todo aquello que sólo te provoca un atropello.
Cuando algo nos toma por sorpresa es el momento de decir ¡pare! De estrechar tus dos manos, recoger tu cabeza y pararte en un limbo, ahí debes darte cuenta de cómo y dónde estás parado y dónde y cómo deberías estarlo ¿estás donde debes estar? ¿Estás como quieres estar? Tienes las respuestas, puede que algo escondidas… pero insiste que pronto las encontrarás. Solemos ser niños jugando a ser grandes inmersos en un mundo de grandes jugando a ser niños ¿de qué lado vas a estar?
El día que crecí ya no estabas ahí, el día que crecí me vi sola ante mí. Luego volví a crecer y ya me sentía bien y volví a regalarte mi sonrisa y mi humilde razón. Sabes que la energía y la Fe la empujas desde la naturaleza de tu corazón, así que destápalo y déjalo respirar para que te llene de humanidad.
La mente ha estado en blanco unos largos momentos, no era tan fácil como yo creía… llegar y pensar en ti. Quizás algún día pueda contar cuantos recuerdos tengo de ti en una hora… deben ser muchos. Siempre me he preguntado que si en el momento en que te recuerdo yo a ti ¿tú me recordarás a mí?... pero tantas veces, con tanta intensidad y sacando sonrisas niñas ¿Será así?
Yo sigo parada en el mismo lugar, con algunas balas de más, cuántos porrazos y caídas que sobran, pero ahí estoy. Miro alrededor y oigo los pasos de la gente; he llegado a imaginar que alguno de ellos eres tú, que caminas hacia mi espalda luego te arrepientes y te vas y yo nunca me entero; también imagino que algún día voy a estar durmiendo y vas a llegar y con un beso me vas a despertar, sonreiremos los dos y te irás. Cuantas veces he creído que aparecerás entre toda la gente del camino y me abrazas fingiendo cubrirme del frío como un claro pretexto. Quizás también he imaginado que pasas a buscarme para invitarme a pasear, me regalas una flor de estrellas y volamos al mar… pero luego dejo de creer y aún sigo aquí.
Hemos jugado tanto… a ser grandes, a ser niños; a escapar y arrancar, a pelear, a llorar y reír… jugamos a herir, jugamos a sufrir, jugamos a amar… pero sólo jugamos. Después de este tiempo entendí que sólo jugamos a ser dos y que hoy somos tú y yo, pero yo lejos de ti.
Yo me senté anoche a oírte, sabía que iba a eso. Intentaba escuchar cada palabra sin irme volando en mis pensamientos hasta el infinito, escarbando en todos los detalles que hicieron que la historia hoy esté así. No es tu culpa, no es la mía… será el tiempo, el viento o el cuerpo, no lo sé… y ya no importa, lo que nos interesa es estar, oír, prestar el hombro; hombro que carga tantas penas compartidas, tan pocas alegrías.
Y bueno, tú seguías hablando, contándome de tu esfera, de tu mundo, de tu burbuja ¿acaso nunca te diste cuenta que somos dos? Sólo oigo un yo – yo – yo y yo… Entonces, ¿y yo dónde estoy? En mi lugar, ya lo encontré. Estaba lejos, estaba allá… ¿ves? En la otra esquina y mirando hacia otro lugar… es así, la vida es así y lo comprendí y me gusta.
Ahora tú, ¿qué es de ti? Sigues ahí, sigues hablando… parece que me fui. No te oigo, no te entiendo, veo mover tus labios, ¿quieres decirme algo? Lo siento, pero no me ocupo en lo tuyo, no me detengo en ese detalle… yo sigo.
Y hoy yo tengo otras cosas que decirte, así que por favor calla. Te entrego esto, mi mejor herramienta… mi goma de borrar, con esto tu hoja volverá a estar en blanco, la mía ya está… claro, tiene algunas manchas, algunos borrones de marcas muy cimentadas, pero está en blanco. No es última vez que la voy a usar ni tampoco fue la primera. Pero sé que la necesitas… ¿sabes, acaso, para qué?... yo ya encontraré una nueva para mí...
Siempre nos cuestionamos tanto lo que nos pasa, que hasta perdemos el norte de lo que queremos encontrar.
Muchas veces queremos que la verdad esté primero ¿y cuando la verdad nos mata, será el precio que debemos pagar?
Alguna vez te dije que para avanzar hay que dejar el pasado atrás, que debemos pintar con nuevos tintes cada centímetro de nuestros caminos; no importa si hay un camino, tres o noventa y seis, sólo importa que estén llenos de nuevos aires. Hace falta respirar hondo, matar miedos, jugar a vivir, tener fe, contar estrellas...
Hace falta que mires profundamente a mis ojos y entiendas que fue tu realidad, que oigas con atención cada latido de tu corazón, que en mi piel encuentres la razón.
Pero antes, cada nube oscura, cada lluvia, cada tormenta debe purificar tu corazón; llega un momento en la vida que debemos hacer click y seguir.
¿Cómo quieres manchar mi alma con recuerdos podridos que ahuyentan la sonrisa de tu corazón? ¿cómo quieres que te llene de dicha si te nublas la mente con sueños de horror?
Fue una pesadilla, tal ves, la que aquella noche no te dejó cerrar tus ojos y soñar conmigo a tu lado. Pero aquella noche ya pasó, volvió a salir el sol y continuamos con las horas y los días, la gente en la calle, la comida, nubes blancas que adornan tu cielo... pero si insistes en usar esas gafas de lo pasado, nada bonito podrás disfrutar; ni la hoja naciendo del árbol, ni los sueños que me llevan a tu lado ni hacer el amor cada vez que lo queramos.
Quizás debamos caminar; yo al norte y tú al sur, podremos respirar, elegir nuestro ritmo, cantar, bailar en el paso, encontrar la paz, disfrutar... y cuando llevemos un gran camino trazado nos volveremos a topar en la mitad dando la vuelta al mundo en el punto central. Sonreiremos, nos abrazaremos y nos volveremos a amar.
Tuve un mundo de ilusiones que hoy son sólo películas guardadas en una caja negra, tuve un mundo de sonrisas en la cara por tu cuerpo y tu simpleza; fui amiga, madre y hermana de tu sueño cuantas noches... fui yo quien rezaba porque esto no fuera real hasta que tú lo convertiste en algo tan posible...
Hoy y por quinta vez cerramos el libro... sin saber si lo volveremos a abrir o el polvo lo hará trizas y quedará solo una espiga volando en el aire que de vez en cuando pase frente a nuestra vista y nos robe una dulce sonrisa.
Un domingo atrás salí a caminar y en e camino encontré una puerta entre abierta, más cerrada que abierta, pero estaba ese curioso espacio.
Cuando la vi sentí como si hubiese brillado, era extraño dentro de aquel bosque toparme con algo así; luego pensé que si me la encontraba debía existir alguna razón; en ella, cruzando su umbral, algo tenía que descubrir.
Me paré frente a ella y la miraba fijamente, quizás alguien salía o puede que se abriera con el viento; luego de diez minutos de observarla sin descuidar detalle... me acerqué. En ese momento sentí algo extraño en mi cuerpo, como una invasión, calor y frío, algo de mareos y cosquillas en la guata. No lo podía entender ¿por qué esa puerta provocaba tanto en mí?
A esas alturas ya oscurecía, había frío, la gente ya no pasaba cerca... y yo sentía como un imán... unas ansias imposibles de omitir por querer pasar ese umbral, por cruzar, tomar la manilla y empujar la puerta y dejarme envolver por el misterio de aquello.
Pensaba mucho, que era riesgoso, que podía encontrarme con sorpresas de todo tipo, que si entraba quizás nunca saliese... pero... ¿pero qué podía perder? quizás podía ganar mucho más de lo que dejaría detrás de mi espalda. Seguía confundida. miraba para todos lados, busqué en el cielo las nubes por si me decían algo, pensaba y pensaba... recordaba tantas cosas, tantos consejos.
En ese momento entendí que si mi corazón decía: entra, yo no debía dudarlo ni un minuto y caminar hacia la puerta. Cerré mis ojos, pensé en la gente, en mi gente... me despojé de caprichos y de prejuicios y entendí... debía entrar.
Un respiro, una mirada hacia atrás y partí. Tomé la manilla, empujé la puerta, volví a cerrar los ojos y la abrí. Temblaron mis piernas, mis manos y mi cabeza, el corazón palpitó tres veces más fuerte y más rápido, sentí un calambre interior inmenso.
No alcancé a abrir los ojos cuando ya había cerrado la puerta, sin explicación, sin mayores preguntas... la dejé bien cerrada, volví atrás y caminé, esta vez más fuerte... llegué a mi casa, entré a mi pieza, me recosté en mi cama y dije: YA CERRÉ LA PUERTA.
puede que corra, puede que grite... puede que mire al cielo y cuente las nubes.
Respiro del sol que se asoma en mis días, busco la paz que las olas me insitan; toco la arena y su calma se palpa, vuela mi pelo, vuelan mis sueños, vuela mi locura y un poco de la soltura.
No busco pretextos ni frases escondidas en estos caminos de hierbas y piedras; lo que busco es encontrar la silueta de la que fui aquel día en que en tus ratos libres encontraste mi sonrisa.
Hoy estoy de pie firme y conciente buscando mi frente, mi ritmo y mi durmiente; no ando cansada, estoy motivada a hacer de mis días un cause prendido, un fuego latente y un viento imponente.
En cada susurro yo encuentro un secreto, en cada sueño sé tu desvelo, por cada rincón reflejo mi alma y en cada espejo está mi mirada.
Mi alma es frágil de mentiras y dolores, pero las tapo con tapones de alegrías que voy acumulando en cada minuto que me han regalado; tengo un escudo de sonrisas y un traje anti tristeza, que lo uso cada vez que pierdo la cabeza.
Creo mucho en la sonrisa, más que en una frase de dicha... pero cuando esa sonrisa se quiebra, ¡dime cómo no perderla! porque me gusta guardarlas en mi cajón para ellas y que duren lo que dure tu mirar en mi pecera.
Ya respiro tranquila, hondo y con paciencia, tengo el corazón brillante y la cabeza en el aire... hoy estoy segura que lo que gana es mi locura y las ganas de que todo sea una linda caricia.
Desde pequeña voy acumulando sueños, sueños de toda índole: posibles, imposibles, creíbles e increíbles, de vida, de amor, de creación, de estrellas y flores.
De niña que creo en el creer, que sueño con el soñar, que respeto el respeto y que busco el sentido de sentir.
Si me mienten yo no miento, si me pegan yo converso, si me atacan yo calmo, si me hieren yo... yo sólo me esfumo.
De niña que crecí queriendo ser yo, queriendo buscarme hasta encontrarme y aquí estoy, conmigo sentada a mi lado, tratando de no vagar en lo obvio, tratando de ocultar mi miedo e intentando jugar a sonreír.
Desde que me encontré que soy feliz... el problema es que la gente suele perderme, tratan de distraerme y embolinarme el alma. Cuando soy un punto fijo me dispersan y cuando quiero dispensarme me juntan. No sé si no me entienden o si son sólo tropiezos del camino; camino que no ha sido nada fácil, que se llena de humos y me marea, pero siempre sigo en él, firme o no... aunque no tambaleo.
Días atrás que voy de nube en nube, saltando y jugando, a veces sola; a veces no... pero no está en mi ritmo y tal ves por eso se aleja, se pierde... ¡yo no me quiero perder! (grito como niña chica), espero me escuches bien.
De niña que acumulo sueños y no los pierdo de vista, están en cada estrofa de mis miradas. Sólo que a veces se aguan por las lágrimas de la vida ¿será que crecer es tan difícil?
Como cantaba Congreso: "Tengo miedo mamá, yo no quiero crecer, yo no quiero dejar de ser niño".
Deja que tus ojos me vuelvan a mirar deja que tus labios me vuelvan a besar deja que tus besos ahuyenten las tristezas que noche tras noche me hacen llorar
Deja que la luz retorne a mi alma para que lo triste se marche de mí déjame sentirme dormida en tus brazos para que mi ser se llene de ti
Deja que mis sueños se aferren a tu pecho para que te cuenten cuan grande es mi dolor déjame estrujarte con este loco amor que me tiene al borde de la desolación
Deja que mis manos no sientan el frío el frío terrible de la soledad quémame los ojos si es preciso vida pero nunca digas que no volverás
Qué curioso... reencontrarnos hoy después de tanto tiempo. La última vez que te vi, recuerdo perfecto; me dijiste que no podías volver a verme, que ya el camino nos separaba, que estábamos grandes y habíamos decidido cada uno por sus sueños... dónde no cabíamos los dos.
Hoy después de tanto tiempo te veo tal cual, te noto niño, con esa mirada juguetona y las manos temblorosas; nervioso como la primera vez que salimos juntos a caminar, distante y cercano... preguntando por el presente, hablando de algo tan ajeno a mí como tu vida después de los dos. Yo te miro, te contemplo... pienso en silencio que si nunca hubiésemos acabado hoy qué sería de mí. Interrumpes mi secreto y me preguntas por mí, mis estudios, mi familia, el amor... el amor... siempre caemos en eso ¿no? el amor ahora es cosa mía, del amor ya no te preocupes - le digo - que bien lejano decidiste estar de aquello.
Después de tanto tiempo me ve tal cual, como si aun tuviese esos ojos que perdonaban hasta su más absurdo error, como si cada beso que me dio fuese una cuenta de ahorro para mitigar todos los días que llevamos lejos. Él cree que yo olvidé la última conversación, que en mis noches lo recordaba y aún sentía su olor... está lejos, estuvo lejos mucho tiempo y hoy está lejos de la verdad... él cree que yo siempre estuve rondando sus días... no entiende que yo sólo jugué mis cartas, viví mis segundos y disfruté mis momentos... la vida seguía para mí... ¿y para él?
Ya pasado los minutos, sus conversas, sus manos cercanas y sus ganas de volver a verme y que lo recuerde... yo lo miro, le pido tiempo, le digo que yo siempre he respetado, que hay cosas que pensar...
Un beso, dos "chao que te vaya bien", tres pasos alejados, una vuelta de vista y él me cierra el ojo. Yo ya lo olvidé.
¿Te acuerdas cuando nos conocimos?, aquel segundo en que yo hacía todo más lento y tú todo más rápido para poder coincidir el momento. No sé qué era ni qué había, pero todo estaba listo para los dos… es curioso que hoy todo esté así; no es del mundo real, no es de cine ni de novela ni de historia de burdel… sólo lo tenemos y entendemos tú y yo.
Pasa el tiempo, pasa la gente, pasan los días, pasan las canciones; pasan palabras, tantas palabras; los bailes, las nubes, las mariposas, las peleas, los gritos, los autos, el silencio... todo pasa, pero nosotros quedamos.
¿Te acuerdas cuando nuestros ojos dijeron más que nuestros labios? Era acaso ese el fin – comienzo de lo nuestro o el ocaso de sueños truncos y felicidades incompletas para darle paso a la sonrisa eterna.
Somos tan distintos y tenemos tanto en común que es difícil definirnos… ¿qué me importa? Sólo lo quiero vivir. Hay días desafiantes, días tranquilos, días sonrientes; días cortos y largos, días templados y fugaces, días de estrellas y fuegos, días de ira y de estruendo… y hay días contigo.
Hoy quisiera que me sorprendas, que estés donde no esperaba, que raptes mi rutina, que distraigas mi parada, que en cualquier momento bajes de tu estrella y volemos sobre mi nube.
Hoy no quisiera dejar de sonreír ni de soñar la vida, no pienso en dejar de tener cuatro manos y dos corazones. Hoy me paro sólo mirando a tu lado.
las páginas están borrosas las hojas dobladas las letras se transparentan
cuando intento mirar atrás no puedo cuando intento recordar no puedo. Debe ser que los pasos se borraron las marcas desaparecieron y el cielo te esconde en algún terreno.
La luna ya no te refleja estarás en México, Los Andes, Saturno no sé cuál habrá sido el rumbo que tomaste no sé pero no estás, no te encuentro. Será que los nudos se deshicieron? habremos encausado nuestros pasos? sabremos ya que no existimos?
Hoy salgo a la calle tranquila sé que no tengo que temer entiendo que el camino es mío y que de ti no tengo ni un brío.
si te fuiste, si huiste no lo sé para mí sólo desapareciste.
desde siempre te imaginé desde siempre te soñé siempre miraba al cielo y entre las estrellas te encontraba tu alma viajaba a darme algún saludo y yo acá impaciente te esperaba
recuerdo bien cada momento tu manito en la mía cuando sólo eso importaba cuando el mundo era nada más que eso
eres mi sonrisa instantánea la luz que prende mi vida día a día el calor que necesita mi corazón eres quién vino a revivir nuestro espacio quien le da magia hasta a lo más común eres la sutileza de la simpleza el arco iris de nuestra oscuridad
viniste a darnos vida y cada vez que estás en peligro la vida no avanza, la vida queda en pausa es como si todo pasara lento y lento como si cuadro a cuadra voy viendo que te alejas
no puedes, no puedes faltar... porque esto se acaba, la función ponemos off a la vida cerramos el telón de los días y decimos adiós
no tengo más razones para amarte que el día en que viniste a mí
Cuando estás en ese lugar en donde si miras hacia atrás puedes caer, si te inclinas hacia adelante puedes volar hacia el vacío.
Donde existe sólo el cara y sello y esos matices por los que tanto luchaste ya no están. Si hoy sólo puedes decidir quedarte afuera en el frío o permanecer adentro, pero sola. Cuando ya estás en el negro y él en el blanco y no puedes atravesar hacia allá.
Donde se rompen sueños, donde no quedan fuegos, donde la fantasía se acaba y la tranquilidad se interrumpe. Cuando el abismo está en un respiro, cuando no puedes acelerar más tus latidos cuando tus ojos sólo miran al solsticio...
estoy yo al final y al principio estoy yo ¿tú dónde estás?
no alcancé a decirte adiós y tú ya te habías marchado no quisiste pasar por acá haciendo una seña de que mañana ya no estarías. Me encantaría cerrar los ojos, contestar el teléfono y que seas tú que avises que vienes a almorzar con la familia; que me dijeras que vamos a la feria, al baile... dónde sea.. pero contigo. Me gustaría encontrarte en la calle y saber que todo fue un mal entendido, que sólo quisiste salir para pensar, pero que ya estás de vuelta; me encantaría pensar que no querías, que ahora estás arrepentido y quieres volver... aunque no puedas.
Quiero que me vuelvas a visitar en un sueño, me digas porqué tuvo que ser así, que borremos todas las lágrimas y volvamos a comenzar. Que me pidas perdón y yo sólo te abrace para demostrarte que nunca me enojé... sólo no lo pude entender. Quiero que en cada mes no nos hagas sentir así; quiero no tener que llorar por ti... sólo darte sonrisas como las miles que nos dabas sin razón. Que nos alegres como en esos días, cuando a pesar de todo andar mal; tú no dabas a torcer tu risa y tu corazón.
Si ahora me siento así, no es tu culpa... es que la vida nos hace así... susceptibles a las ausencias... me encantaría poder recordar el último día que te vi, que te dije hola, que me bromeaste con cualquier cosa... que bailamos juntos... No lo sé y no puedo con eso; quiero saber.. para poder inmortalizar el momento en que te dije adiós y sin saber, se convirtió en un instante eterno.
No puedo dejar de pensar en qué hubiese pasado si... si nos encontrábamos en la calle, si te cantaba una canción, si te saludaba a lo lejos, si te escribía algún pregón...
Yo ahora y para siempre te digo que te quiero y que con los tuyos estaré siempre, porque son parte de mí... tal como tú.
Hace un rato estuve leyendo sobre las curiosidades del once es curioso, si lo piensan hoy para mí, un misterio...
once son dos unos tú y yo pero si los sumas es dos tú y yo onces son las veces que me buscaste las veces que te contuviste los momentos que cruzamos miradas once minutos los que hablamos y once coincidencias.
Esa típica frasesita de "yo no te esperaba"... tú asaltaste mi intranquilidad para calmarla mataste mis miedos y cercaste el terreno para que no arrancara
tú planeaste todo perfecto para que cayera tú hablaste lo preciso para que insistiera tú pensaste lo suficiente en mí para que me quedara
yo, me dejé calmar evité arrancar me dejé caer te dejé quererme y hoy estoy aquí
Después de un once después de un tú y yo estoy aquí y me quedo aquí porque me tomé tu lugar
once son los besos que te quiero dar once cariños me quiero tomar y once sueños vamos a disfrutar!
Porque al fin me encuentro frente a una hoja en blanco, o sea, tiene manchones y borrones, uno que otro bosquejo de cómo empezar y cinco errores ya cometidos. Pero está en blanco.
No tiene nada antes y puede que se extienda hasta mil, no sé; pero está en blanco.
Tiene algunos tintes de miedo, otros de nervios, varios sonrojos y muchos ojos brillantes.
La historia no ha empezado y ya tengo muchos lápices y tintas por repones cuantas veces sea necesario, por si falla, volver a intentar.
Mi hoja en banco es pequeña y grande a la vez, pequeña en su cintura y grande en su esperanza; mi hoja está esperando para ser arrugada y para sostener otras dos manos sobre su pecho; para que sean cuatro manos y dos corazones los responsables de ella.
A ratos, mi hoja en blanco, tiembla, sonríe, vigila, disfruta y contempla sus pasos. A ratos vuela, otras cae, otros sueña, otros cree.
Mi hoja en blanco hoy quiere nacer y que sus cuatro manos la hagan crecer.
Iba como todas las mañanas rumbo a la fábrica, iba como todas las mañanas atrasada, apurada para subirme a la micro; ya ahí, veo a la gente con su cara de nada, pensando en deudas y esas cosas en las que yo aun pretendo no caer. Una señora irrumpe con un griterío de guerra porque el chofer no la dejó donde quería.
Yo en ese instante comenzaba el viaje en mis propios recientes recuerdos de la noche que me pisaba los talones en la que no sobreviví del todo.¿Por qué? porque me llamó varias veces esa madrugada para decirme un sin fin de discreciones e indiscreciones, para que paseáramos un ron, para que bailemos apretado, para que soñemos en la misma almohada.Bien aturdida por la sorpresa no atinaba a decirle mucho, más bien lo escuchaba y cuando dejaba de creerle, le cortaba. Él insistía, por eso entre llama y corta fueron más o menos nueve llamadas y más de cincuenta y siete minutos al aire.Lo poco que le decía era que no le creía mucho, que ya el alcohol no sólo invadía su cabeza, sino que también su celular. No es que no quisiera creerle ni que no hubiese querido estar ahí en esos lugares que él sutilmente me invitaba a desnudarme; pero esa poca seguridad que abunda en mis arterias me lo impedía.
Mientras tanto en la micro insistían en la pelea y un carterazo voló, matando la paciencia del chofer que atinó a exigirle que se bajara a quien rompía la rutina del recorrido. Los pasajeros se metían, opinaban y juzgaban, pero la señora se armaba de valor y los enfrentaba sólo por defender su honra.
Fue como un clip realidad - recuerdo, pero volví a lo mío. En ese momento retrocedí e invoqué las semanas anteriores, como el día que fue capaz de decirme cuanto me extrañaba, o cuando un oscuro callejón atrapó nuestros sentidos, y la vez que pidió que contara sus tatuajes o contar mis lunares...Me reía sola ¿les ha pasado eso? no por sentimentalismo ni necesidad, pero me hace sentir bien aunque sea una simple jugarreta.Anoche cuando llamó y yo no lo reconocí se molestó, después fijó su voz y me dijo "ven", yo me reí; porque me acordé cuando él llegó una madrugada a mi pieza a inventarme cuentos para que no me quedara dormida y lo acompañara en su desvelo, de paso me contó sus problemas, de paso lo ignoré, a ratos le tomaba la mano y una que otra vez me lanzaba un beso.
La gente en la micro seguía vuelta loca gritando ¡bájate vieja! ¡péguele no más! ¡llame a los pacos! ¡empújela! y hasta se paraban de sus asientos para reconocer a quien los retrasaba y apuntaban con el dedo.La señora con un nudo en la garganta le grita al conductor: ¡acaso me vas a llevar al final del recorrido! Lanzó otro carterazo y se bajo. Mientras la micro se movía la gente le hacía burla y ella sólo ponía cara de indignación.
Yo la miré y me pregunté... ¿acaso él me llevará hasta su final? o seré sólo una pasajera de su recorrido inexacto, subiré en un paradero conocido para que me deje en una parada cualquiera, donde quiera dejarme... ahí pensé que mejor yo decidía donde bajar y no volver a abordar esa peligrosa micro de dudoso trayecto.Voy llegando al lugar donde me tengo que bajar, suena mi teléfono y es él, nuevamente... que aun sigue alcoholizado y me cuenta un sin número de historias. Lo oigo mientras me bajo de la micro y lo veo ahí, sentado de espalda al paradero. Seguimos hablando y paso en frente de él... no me ve, no me siente... entonces le corté y decidí seguir en mi camino, y si es preciso caminar kilómetros seguros, lo haré... creo que es mejor que no saber dónde me dejará su propia micro.